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El microscopio dental es indispensable para lograr la máxima precisión y efectividad de los tratamientos. Nos permite ver los problemas cuando son muy pequeños y eliminar solo las partes enfermas de tus dientes.

El microscopio dental es un instrumento óptico diseñado específicamente para llevar a cabo diagnósticos y tratamientos con precisión micrométrica y nos permite mejorar y optimizar la calidad de los tratamientos disminuyendo la cantidad de tejido sano eliminado, lo que aumenta la longevidad del diente. Menos de un 2% de las clínicas del mundo cuentan con uno.

Con todos sus beneficios, ¿por qué tan pocos dentistas utilizan un microscopio?Los microscopios no son baratos y requieren paciencia y un gran compromiso para aprender a operar. 




Odontología optimizada por microscopio dental.




El microscopio dental es indispensable para lograr la máxima precisión y efectividad de los tratamientos. Nos permite ver los problemas cuando son muy pequeños y eliminar solo las partes enfermas de tus dientes.

El microscopio dental es un instrumento óptico diseñado específicamente para llevar a cabo diagnósticos y tratamientos con precisión micrométrica y nos permite mejorar y optimizar la calidad de los tratamientos disminuyendo la cantidad de tejido sano eliminado, lo que aumenta la longevidad del diente. Menos de un 2% de las clínicas del mundo cuentan con uno.

Con todos sus beneficios, ¿por qué tan pocos dentistas utilizan un microscopio?Los microscopios no son baratos y requieren paciencia y un gran compromiso para aprender a operar. 








Los dentistas recomiendan lavarse los dientes durante al menos dos minutos y después de cada comida. Pero seamos sinceras: no siempre lo hacemos. Ya sea por pereza o por falta de tiempo, lo cierto es que a veces descuidamos nuestra higiene bucal. Pero, ¿y si te decimos que ahora hay una manera de convertir el cepillado de dientes en algo divertido?

¡Cuida tus dientes!

Una de las principales preocupaciones de cualquier persona es tener una sonrisa perfecta. Para ello, no hay duda de que cuidar la salud bucodental es esencial, y no solo para mejorar nuestra imagen física sino también para prevenir problemas que puedan aparecer derivados del mal cuidado de los dientes. Porque para evitar las tan temidas visitas al dentista, no hay nada como seguir unos sencillos consejos que se pueden aplicar a diario.

¿Cómo se pueden prevenir las caries? ¿Cuál es la forma correcta de cepillarse los dientes? ¿Qué productos son más convenientes para complementar el cepillado? Es tal la importancia del cuidado de la boca que incluso cuenta con su Día Mundial de la Salud Bucodental, que se celebra cada 12 de septiembre. A continuación te mostramos algunos de los mejores consejos para conseguir unos dientes siempre perfectos.







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Los dentistas recomiendan lavarse los dientes durante al menos dos minutos y después de cada comida. Pero seamos sinceras: no siempre lo hacemos. Ya sea por pereza o por falta de tiempo, lo cierto es que a veces descuidamos nuestra higiene bucal. Pero, ¿y si te decimos que ahora hay una manera de convertir el cepillado de dientes en algo divertido?

¡Cuida tus dientes!

Una de las principales preocupaciones de cualquier persona es tener una sonrisa perfecta. Para ello, no hay duda de que cuidar la salud bucodental es esencial, y no solo para mejorar nuestra imagen física sino también para prevenir problemas que puedan aparecer derivados del mal cuidado de los dientes. Porque para evitar las tan temidas visitas al dentista, no hay nada como seguir unos sencillos consejos que se pueden aplicar a diario.

¿Cómo se pueden prevenir las caries? ¿Cuál es la forma correcta de cepillarse los dientes? ¿Qué productos son más convenientes para complementar el cepillado? Es tal la importancia del cuidado de la boca que incluso cuenta con su Día Mundial de la Salud Bucodental, que se celebra cada 12 de septiembre. A continuación te mostramos algunos de los mejores consejos para conseguir unos dientes siempre perfectos.


















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¿Cómo combatir el mal aliento?


El tener mal aliento, o halitosis, es tal vez uno de los temores más grandes de las personas, porque está relacionado con su atractivo personal. Pero sobretodo, es importante que si tú lo padeces, busques la causa para poder combatirlo. Más allá de algo que los demás perciben como desagradable, el mal aliento es un signo de que algo no está bien con la salud de tu boca.

Supongamos que hay alguien que te gusta mucho, mucho. De repente tienes la oportunidad de hablar de cerca con esa persona y ¡zas! Tiene mal aliento. ¡No lo puedes creer! Tu atracción por esa persona disminuyó drásticamente. Y no es para menos. El llamado “aliento de dragón” es una condición desagradable que influye de manera importante en tus relaciones con los demás y habla de tu higiene oral.

Las mentas y chicles que están a la venta son sólo remedios temporales para el mal aliento, o halitosis. Por lo general, el mal olor de la boca puede mejorarse llevando una higiene dental adecuada: lavarse los dientes, usar hilo dental, usar enjuagues y visitar a tu dentista regularmente. Sin embargo, hay algunas causas de la halitosis o mal aliento que pueden tener que ver con hábitos como fumar, o están relacionadas con alguna otra enfermedad. Si has intentado de todo con tu higiene oral para eliminar el mal aliento, sería buena idea que consultes con tu médico sobre otras posibles causas.

Los desencadenantes más comunes del mal aliento son los siguientes:

Mala higiene dental: Es simple: si no te cepillas los dientes y usas hilo dental diariamente, los restos de comida se quedan en tu boca acumulando bacterias y emitiendo vapores de olor. Es entonces cuando una placa invisible, llamada placa bacteriana, se forma sobre tus dientes y causa otros problemas como caries y gingivitis.

Alimentos: cuando comes, los alimentos se desintegran en tu boca, y algunas partículas que quedan pegada a los dientes, pueden ser las causantes del mal aliento. La cebolla y el ajo son famosos por causar halitosis, pero no son los únicos. Otras especias como el curry o vegetales como los espárragos también pueden despedir un fuerte olor cuando entran en contacto con la boca. Cuando comes estos alimentos, son digeridos y absorbidos hasta entrar a tu sangre, el cual los lleva a tus pulmones, lo cual hace que tengas mal aliento hasta que estos alimentos son eliminados del cuerpo. El ajo y la cebolla pueden causar mal aliento hasta 72 horas después de que los comiste.
Boca seca: La saliva ayuda a mantener la boca limpia y humectada. Cuando la boca se seca, durante la noche, las células muertas se acumulan en tu lengua, encías y en la zona interna de las mejillas. Estas células se descomponen y causan el llamado “mal aliento matutino”. Si duermes con la boca abierta o tomas medicamentos que secan la boca, el problema se agudiza.

Enfermedades: Las infecciones de los pulmones, los desórdenes metabólicos, y algunos tipos de cáncer causan mal aliento. Los problemas en el hígado y los riñones, así como una diabetes que no ha sido controlada, también pueden causar olores muy particulares que salen de la boca. La sinusitis o problemas nasales también causan halitosis.
El tabaco. Fumar seca la boca y causa un desagradable olor. Además, los fumadores están más predispuestos a desarrollar enfermedad periodontal, lo cual causa también mal aliento.
Ayunar muy seguido o una dieta muy estricta también son causas del mal aliento.
¿Cómo combatir el mal aliento?

Para contrarrestar la halitosis o el “aliento de dragón”, es importante cepillarse los dientes luego de comer. Es una buena idea tener un cepillo de dientes siempre a mano, en el trabajo, por ejemplo, para que no pases el día entero sin lavarte. Cuando te cepilles los dientes, debes tardar por lo menos 3 minutos. Y no te olvides de usar hilo dental una vez al día, cepillarte la lengua y tener un cepillo de dientes que no esté demasiado desgastado. El tomar agua también ayuda, puesto que mantiene la boca humectada. Y por supuesto, visitar a tu odontólogo o dentista regularmente es el mejor remedio.

No vas a querer que el amor de tu vida se espante por tu mal aliento, ¿no es así?




¿Cómo combatir el mal aliento?




¿Cómo combatir el mal aliento?


El tener mal aliento, o halitosis, es tal vez uno de los temores más grandes de las personas, porque está relacionado con su atractivo personal. Pero sobretodo, es importante que si tú lo padeces, busques la causa para poder combatirlo. Más allá de algo que los demás perciben como desagradable, el mal aliento es un signo de que algo no está bien con la salud de tu boca.

Supongamos que hay alguien que te gusta mucho, mucho. De repente tienes la oportunidad de hablar de cerca con esa persona y ¡zas! Tiene mal aliento. ¡No lo puedes creer! Tu atracción por esa persona disminuyó drásticamente. Y no es para menos. El llamado “aliento de dragón” es una condición desagradable que influye de manera importante en tus relaciones con los demás y habla de tu higiene oral.

Las mentas y chicles que están a la venta son sólo remedios temporales para el mal aliento, o halitosis. Por lo general, el mal olor de la boca puede mejorarse llevando una higiene dental adecuada: lavarse los dientes, usar hilo dental, usar enjuagues y visitar a tu dentista regularmente. Sin embargo, hay algunas causas de la halitosis o mal aliento que pueden tener que ver con hábitos como fumar, o están relacionadas con alguna otra enfermedad. Si has intentado de todo con tu higiene oral para eliminar el mal aliento, sería buena idea que consultes con tu médico sobre otras posibles causas.

Los desencadenantes más comunes del mal aliento son los siguientes:

Mala higiene dental: Es simple: si no te cepillas los dientes y usas hilo dental diariamente, los restos de comida se quedan en tu boca acumulando bacterias y emitiendo vapores de olor. Es entonces cuando una placa invisible, llamada placa bacteriana, se forma sobre tus dientes y causa otros problemas como caries y gingivitis.

Alimentos: cuando comes, los alimentos se desintegran en tu boca, y algunas partículas que quedan pegada a los dientes, pueden ser las causantes del mal aliento. La cebolla y el ajo son famosos por causar halitosis, pero no son los únicos. Otras especias como el curry o vegetales como los espárragos también pueden despedir un fuerte olor cuando entran en contacto con la boca. Cuando comes estos alimentos, son digeridos y absorbidos hasta entrar a tu sangre, el cual los lleva a tus pulmones, lo cual hace que tengas mal aliento hasta que estos alimentos son eliminados del cuerpo. El ajo y la cebolla pueden causar mal aliento hasta 72 horas después de que los comiste.
Boca seca: La saliva ayuda a mantener la boca limpia y humectada. Cuando la boca se seca, durante la noche, las células muertas se acumulan en tu lengua, encías y en la zona interna de las mejillas. Estas células se descomponen y causan el llamado “mal aliento matutino”. Si duermes con la boca abierta o tomas medicamentos que secan la boca, el problema se agudiza.

Enfermedades: Las infecciones de los pulmones, los desórdenes metabólicos, y algunos tipos de cáncer causan mal aliento. Los problemas en el hígado y los riñones, así como una diabetes que no ha sido controlada, también pueden causar olores muy particulares que salen de la boca. La sinusitis o problemas nasales también causan halitosis.
El tabaco. Fumar seca la boca y causa un desagradable olor. Además, los fumadores están más predispuestos a desarrollar enfermedad periodontal, lo cual causa también mal aliento.
Ayunar muy seguido o una dieta muy estricta también son causas del mal aliento.
¿Cómo combatir el mal aliento?

Para contrarrestar la halitosis o el “aliento de dragón”, es importante cepillarse los dientes luego de comer. Es una buena idea tener un cepillo de dientes siempre a mano, en el trabajo, por ejemplo, para que no pases el día entero sin lavarte. Cuando te cepilles los dientes, debes tardar por lo menos 3 minutos. Y no te olvides de usar hilo dental una vez al día, cepillarte la lengua y tener un cepillo de dientes que no esté demasiado desgastado. El tomar agua también ayuda, puesto que mantiene la boca humectada. Y por supuesto, visitar a tu odontólogo o dentista regularmente es el mejor remedio.

No vas a querer que el amor de tu vida se espante por tu mal aliento, ¿no es así?









Sabemos que la gingivitis aparece como consecuencia del acúmulo de placa bacteriana y de sarro o cálculo en el margen de las encías. La placa bacteriana y el cálculo son sustancias en las que se almacenan gran cantidad de bacterias que resultan perjudiciales para las encías y para la salud de la boca en general. Ello significa que la placa bacteriana en su mayoría es, en realidad, una especie de matriz donde se encuentran las bacterias.

En cambio el cálculo o sarro por si mismo, no produce irritación de los tejidos de la cavidad oral, pero contribuye a la retención y acumulación de placa bacteriana ya que es una sustancia dura y que se adhiere a los dientes. El cálculo es, en realidad, el resultado de la calcificación de la placa bacteriana.

La gingivitis en la sociedad actual

La epidemiología intenta conocer la influencia e importancia de los factores que provocan y modifican una enfermedad y también se ocupa de conocer hasta qué punto está afectada la población a este respecto. Además debe desarrollar medidas concretas de prevención y tratamiento y valorar la eficacia de las mismas.

Se ha determinado que entre la población infantil y juvenil el porcentaje de aparición de gingivitis es de entre un 60% y un 80%. En España en concreto, en la misma franja de población el porcentaje es de un 46%.

Factores de riesgo de la Gingivitis

Estudios científicos han demostrado que existe una predisposición genética en ciertas personas a la gingivitis que se hace más patente en el caso de la Periodontitis, estadio más avanzado de esta enfermedad.

Sin olvidarnos de este hecho que tiene gran importancia, diremos que el factor de riesgo esencial es la higiene bucal. Sin una correcta y meticulosa higiene de la boca es imposible luchar contra la placa bacteriana y así no podemos hacer frente a la gingivitis.

Igualmente, ha quedado demostrado que existe mucha relación entre el consumo de tabaco y la aparición de gingivitis. Esta relación se da sobre todo en casos de consumo exagerado de tabaco, considerando como consumo exagerado 20 cigarrillos al día. Se ha comprobado que fumar 20 o más cigarrillos al día equivale en riesgo de gingivitis a la ausencia de higiene bucal.

El estrés o estado de ansiedad también influye de manera perjudicial en la salud bucal y predispone a la gingivitis ya que nuestro sistema defensivo, en estos casos, actúa de manera menos eficaz.

Otro factor predisponente a la gingivitis es la diabetes mal controlada.

Desde hace unos años se ha estudiado la posibilidad de contagio de gingivitis o enfermedad periodontal mediante el beso, llegando a la conclusión de que las parejas de personas que sufren enfermedad periodontal tienen un 20% más de riesgo de padecerla que las que no se exponen a este factor.

Además de todos estos factores generales que pueden provocar o facilitar la existencia de gingivitis, también hay una serie de factores localizados en la boca que predisponen a esta alteración, como pueden ser malposiciones dentales, sobre todo apiñamiento, aparatos de ortodoncia, que facilitan la retención de placa bacteriana y restos alimenticios o anomalías en la estructura o forma de los dientes.



Relación entre placa bacteriana y gingivitis

Experimentos científicos como los estudios sobre "Gingivitis experimental en el hombre" (estudio realizado por Löe en 1965 ) han demostrado la relación entre la existencia de placa bacteriana en la cavidad bucal y la aparición de gingivitis en los seres humanos.

Estudiando en profundidad este tema se ha llegado a determinar incluso, cuales son las bacterias responsables de la gingivitis.

Al realizar esta prueba científica, se concluyó que cualquier persona que no se cepille los dientes a lo largo de 21 días sufrirá un ataque por parte de estas bacterias en su boca y como consecuencia padecerá con toda seguridad gingivitis.

A partir de entonces también se sabe que la placa bacteriana, después de colonizar la cavidad bucal, atraviesa varios estadios en los que varía su composición, es decir va cambiando la proporción entre distintos tipos o especies de bacterias, siendo estos cada vez más perjudiciales para el equilibrio de la flora bacteriana oral.

Otro hallazgo, consecuencia de esta experimentación fue el conocimiento de que la gingivitis es un proceso reversible, es decir, que tiene vuelta atrás.

Sin embargo, si se deja evolucionar una gingivitis durante mucho tiempo se podría convertir en un proceso más peligroso: la periodontitis, más comúnmente llamada "piorrea".

En esta segunda fase de la enfermedad (periodontitis) pueden aparecer otras alteraciones en la boca como movilidad de los dientes. Incluso se puede llegar a la pérdida de los más afectados.

Otras gingivitis

Además de la gingivitis más común, llamada gingivitis crónica del adulto, existen más tipos de gingivitis que aparecen como consecuencia de la placa bacteriana, junto con otros factores más específicos .

Existe un tipo de gingivitis llamada hormonal, ya que suele aparecer en épocas de cambio o alteración de las hormonas sexuales, como son la adolescencia, el embarazo o la menopausia.

Otro tipo de gingivitis es la provocada por determinadas medicaciones como son fármacos antihipertensivos, medicamentos para la epilepsia (hidantoinas) o fármacos inmunosupresores que se dan para evitar el rechazo después de un trasplante de órganos (cefalosporinas).

También puede aparecer gingivitis localizada en personas que ejercitan la respiración por la boca únicamente, o que tienen el labio superior corto y la encía queda expuesta. Ambas situaciones facilitan que la encía se reseque y resulte alterada.

Por último es preciso señalar que algunas gingivitis no lo son exactamente sino que son la repercusión en las encías de otra enfermedad que afecta a todo el organismo. Un ejemplo ello es la psoriasis, ya que esta alteración cutánea repercute en la encía provocando en ella una descamación crónica.



SOLUCIÓN:

Cepillarse después de cada comida los dientes!!

¿Por qué aparece la gingivitis?





Sabemos que la gingivitis aparece como consecuencia del acúmulo de placa bacteriana y de sarro o cálculo en el margen de las encías. La placa bacteriana y el cálculo son sustancias en las que se almacenan gran cantidad de bacterias que resultan perjudiciales para las encías y para la salud de la boca en general. Ello significa que la placa bacteriana en su mayoría es, en realidad, una especie de matriz donde se encuentran las bacterias.

En cambio el cálculo o sarro por si mismo, no produce irritación de los tejidos de la cavidad oral, pero contribuye a la retención y acumulación de placa bacteriana ya que es una sustancia dura y que se adhiere a los dientes. El cálculo es, en realidad, el resultado de la calcificación de la placa bacteriana.

La gingivitis en la sociedad actual

La epidemiología intenta conocer la influencia e importancia de los factores que provocan y modifican una enfermedad y también se ocupa de conocer hasta qué punto está afectada la población a este respecto. Además debe desarrollar medidas concretas de prevención y tratamiento y valorar la eficacia de las mismas.

Se ha determinado que entre la población infantil y juvenil el porcentaje de aparición de gingivitis es de entre un 60% y un 80%. En España en concreto, en la misma franja de población el porcentaje es de un 46%.

Factores de riesgo de la Gingivitis

Estudios científicos han demostrado que existe una predisposición genética en ciertas personas a la gingivitis que se hace más patente en el caso de la Periodontitis, estadio más avanzado de esta enfermedad.

Sin olvidarnos de este hecho que tiene gran importancia, diremos que el factor de riesgo esencial es la higiene bucal. Sin una correcta y meticulosa higiene de la boca es imposible luchar contra la placa bacteriana y así no podemos hacer frente a la gingivitis.

Igualmente, ha quedado demostrado que existe mucha relación entre el consumo de tabaco y la aparición de gingivitis. Esta relación se da sobre todo en casos de consumo exagerado de tabaco, considerando como consumo exagerado 20 cigarrillos al día. Se ha comprobado que fumar 20 o más cigarrillos al día equivale en riesgo de gingivitis a la ausencia de higiene bucal.

El estrés o estado de ansiedad también influye de manera perjudicial en la salud bucal y predispone a la gingivitis ya que nuestro sistema defensivo, en estos casos, actúa de manera menos eficaz.

Otro factor predisponente a la gingivitis es la diabetes mal controlada.

Desde hace unos años se ha estudiado la posibilidad de contagio de gingivitis o enfermedad periodontal mediante el beso, llegando a la conclusión de que las parejas de personas que sufren enfermedad periodontal tienen un 20% más de riesgo de padecerla que las que no se exponen a este factor.

Además de todos estos factores generales que pueden provocar o facilitar la existencia de gingivitis, también hay una serie de factores localizados en la boca que predisponen a esta alteración, como pueden ser malposiciones dentales, sobre todo apiñamiento, aparatos de ortodoncia, que facilitan la retención de placa bacteriana y restos alimenticios o anomalías en la estructura o forma de los dientes.



Relación entre placa bacteriana y gingivitis

Experimentos científicos como los estudios sobre "Gingivitis experimental en el hombre" (estudio realizado por Löe en 1965 ) han demostrado la relación entre la existencia de placa bacteriana en la cavidad bucal y la aparición de gingivitis en los seres humanos.

Estudiando en profundidad este tema se ha llegado a determinar incluso, cuales son las bacterias responsables de la gingivitis.

Al realizar esta prueba científica, se concluyó que cualquier persona que no se cepille los dientes a lo largo de 21 días sufrirá un ataque por parte de estas bacterias en su boca y como consecuencia padecerá con toda seguridad gingivitis.

A partir de entonces también se sabe que la placa bacteriana, después de colonizar la cavidad bucal, atraviesa varios estadios en los que varía su composición, es decir va cambiando la proporción entre distintos tipos o especies de bacterias, siendo estos cada vez más perjudiciales para el equilibrio de la flora bacteriana oral.

Otro hallazgo, consecuencia de esta experimentación fue el conocimiento de que la gingivitis es un proceso reversible, es decir, que tiene vuelta atrás.

Sin embargo, si se deja evolucionar una gingivitis durante mucho tiempo se podría convertir en un proceso más peligroso: la periodontitis, más comúnmente llamada "piorrea".

En esta segunda fase de la enfermedad (periodontitis) pueden aparecer otras alteraciones en la boca como movilidad de los dientes. Incluso se puede llegar a la pérdida de los más afectados.

Otras gingivitis

Además de la gingivitis más común, llamada gingivitis crónica del adulto, existen más tipos de gingivitis que aparecen como consecuencia de la placa bacteriana, junto con otros factores más específicos .

Existe un tipo de gingivitis llamada hormonal, ya que suele aparecer en épocas de cambio o alteración de las hormonas sexuales, como son la adolescencia, el embarazo o la menopausia.

Otro tipo de gingivitis es la provocada por determinadas medicaciones como son fármacos antihipertensivos, medicamentos para la epilepsia (hidantoinas) o fármacos inmunosupresores que se dan para evitar el rechazo después de un trasplante de órganos (cefalosporinas).

También puede aparecer gingivitis localizada en personas que ejercitan la respiración por la boca únicamente, o que tienen el labio superior corto y la encía queda expuesta. Ambas situaciones facilitan que la encía se reseque y resulte alterada.

Por último es preciso señalar que algunas gingivitis no lo son exactamente sino que son la repercusión en las encías de otra enfermedad que afecta a todo el organismo. Un ejemplo ello es la psoriasis, ya que esta alteración cutánea repercute en la encía provocando en ella una descamación crónica.



SOLUCIÓN:

Cepillarse después de cada comida los dientes!!





Diabetes y salud oral: tus dientes y tus encías corren riesgos, cuídalos


La higiene oral es un asunto de todos los días. Con tantas comidas y bebidas entrando por la boca varias veces al día, así como las bacterias del aire y las que se forman dentro de la misma boca, la única manera de controlar las infecciones y las enfermedades es con un aseo adecuado.

Cuando tienes diabetes, ese cuidado y ese aseo deben ser aún mayores. ¿A qué se debe esto? Esto se debe a que la diabetes, especialmente cuando no está bajo control, aumenta tu riesgo de infecciones en la boca también. Esto es porque tus glóbulos blancos, que son los encargados de defender al cuerpo de las infecciones, no funcionan bien si el azúcar en tu sangre se encuentra elevada. Y recuerda que la boca está llena de bacterias.

Por eso mismo, la Asociación Americana de la Diabetes (ADA por sus iniciales en inglés) dice que el mayor riesgo para la salud oral en los diabéticos son las enfermedades de las encías que desarrollan gingivitis (inflamación y sangrado de las encías) o, en el peor de los casos, periodontitis, que es gingivitis agravada y te puede hacer perder los dientes.

Pero esos no son los únicos riesgos que corre tu salud oral cuando tienes diabetes. También es muy fácil desarrollar caries e infecciones como candidiasis bucal (que es una infección por hongos). Y, además de disminuir el funcionamiento de tus glóbulos blancos, los niveles elevados de azúcar en la sangre debido a la diabetes que no está bien controlada, también te pueden provocar el tener la boca seca permanentemente o dificultad para que las heridas en la boca sanen después del tratamiento dental, por la falta de flujo sanguíneo a la herida.

Lo bueno es que hay formas de salvar tus dientes y cuidar tu boca. Estos consejos te pueden servir:

Controla tus niveles de azúcar. La primera clave para tener una buena salud oral con diabetes, es controlando tus niveles de azúcar y procurando que estén lo más cerca posible a lo normal. Así evitarás tener complicaciones.

Cepíllate los dientes. No importante dónde estés ni qué estés haciendo, has todo lo posible por cepillarte los dientes después cada comida (tres veces al día). Usa pasta de dientes con fluoruro. Y elige los cepillos con cerdas suaves y puntas redondeadas para que no te lastimes las encías, recuerda que la diabetes hace que las heridas tarden más en sanar.

Evita la placa, son la principal fuente de bacteria. Usa la seda o hilo dental obligatoriamente, al menos una vez al día.

Si tienes dentadura postiza, debes lavarla a diario.

No dejes de ver al dentista. Ahora más que nunca es importante que no dejes de ir a hacerte una limpieza semestral (2 al año) con tu dentista. Incluso él o ella podría sugerirte que lo visites más seguido, dependiendo de tu condición. Cuando vayas, infórmale sobre tu diabetes, y coméntale acerca de tus niveles de glucosa en sangre, él (ella) necesita saberlo.

No dejes que la diabetes te gane la batalla, y mucho menos que te quite la posibilidad de sonreírle a la vida. Con una higiene oral adecuada, tus dientes y tus encías estarán protegidos.




Diabetes y salud oral: tus dientes y tus encías corren riesgos, cuídalos.





Diabetes y salud oral: tus dientes y tus encías corren riesgos, cuídalos


La higiene oral es un asunto de todos los días. Con tantas comidas y bebidas entrando por la boca varias veces al día, así como las bacterias del aire y las que se forman dentro de la misma boca, la única manera de controlar las infecciones y las enfermedades es con un aseo adecuado.

Cuando tienes diabetes, ese cuidado y ese aseo deben ser aún mayores. ¿A qué se debe esto? Esto se debe a que la diabetes, especialmente cuando no está bajo control, aumenta tu riesgo de infecciones en la boca también. Esto es porque tus glóbulos blancos, que son los encargados de defender al cuerpo de las infecciones, no funcionan bien si el azúcar en tu sangre se encuentra elevada. Y recuerda que la boca está llena de bacterias.

Por eso mismo, la Asociación Americana de la Diabetes (ADA por sus iniciales en inglés) dice que el mayor riesgo para la salud oral en los diabéticos son las enfermedades de las encías que desarrollan gingivitis (inflamación y sangrado de las encías) o, en el peor de los casos, periodontitis, que es gingivitis agravada y te puede hacer perder los dientes.

Pero esos no son los únicos riesgos que corre tu salud oral cuando tienes diabetes. También es muy fácil desarrollar caries e infecciones como candidiasis bucal (que es una infección por hongos). Y, además de disminuir el funcionamiento de tus glóbulos blancos, los niveles elevados de azúcar en la sangre debido a la diabetes que no está bien controlada, también te pueden provocar el tener la boca seca permanentemente o dificultad para que las heridas en la boca sanen después del tratamiento dental, por la falta de flujo sanguíneo a la herida.

Lo bueno es que hay formas de salvar tus dientes y cuidar tu boca. Estos consejos te pueden servir:

Controla tus niveles de azúcar. La primera clave para tener una buena salud oral con diabetes, es controlando tus niveles de azúcar y procurando que estén lo más cerca posible a lo normal. Así evitarás tener complicaciones.

Cepíllate los dientes. No importante dónde estés ni qué estés haciendo, has todo lo posible por cepillarte los dientes después cada comida (tres veces al día). Usa pasta de dientes con fluoruro. Y elige los cepillos con cerdas suaves y puntas redondeadas para que no te lastimes las encías, recuerda que la diabetes hace que las heridas tarden más en sanar.

Evita la placa, son la principal fuente de bacteria. Usa la seda o hilo dental obligatoriamente, al menos una vez al día.

Si tienes dentadura postiza, debes lavarla a diario.

No dejes de ver al dentista. Ahora más que nunca es importante que no dejes de ir a hacerte una limpieza semestral (2 al año) con tu dentista. Incluso él o ella podría sugerirte que lo visites más seguido, dependiendo de tu condición. Cuando vayas, infórmale sobre tu diabetes, y coméntale acerca de tus niveles de glucosa en sangre, él (ella) necesita saberlo.

No dejes que la diabetes te gane la batalla, y mucho menos que te quite la posibilidad de sonreírle a la vida. Con una higiene oral adecuada, tus dientes y tus encías estarán protegidos.







Gingivitis: la inflamación de las encías


La escena tal vez se repite sin que te cause mucha alarma: cada vez que te cepillas los dientes, te sale un poco de sangre. Seguramente piensas que es normal porque pudiste haberte lastimado las encías con la presión del cepillado y no le das importancia. Sin embargo, el sangrado de las encías es un indicador de que puedes tener gingivitis.

La gingivitis es una enfermedad periodontal que provoca la inflamación de las encías y el soporte de los dientes. Por lo general no duele mucho, así que puede pasar desapercibida para ti. Sin embargo, si no es tratada por un odontólogo o dentista, puede convertirse en una enfermedad de las encías mucho más grave.

Es por esto que debes mantenerte atento a los síntomas de la gingivitis, que incluyen los siguientes:

- Encías inflamadas y sensibles
- Encías que sangran fácilmente cuando te cepillas o usas el hilo dental
- Mal aliento
- Cambio de color en las encías: de un sano rosado a rojo oscuro

¿Por qué da gingivitis? La causa más común es falta de higiene oral. Por esto, es importante que te cepilles los dientes después de cada comida, y que uses hilo dental para sacar los restos de los alimentos que se quedan entre los dientes y que causan la placa bacteriana.

La placa bacteriana es una capa invisible compuesta de bacterias que se forma cuando las harinas y los azúcares que se quedan en los dientes se juntan con las bacterias que habitan la boca normalmente. La buena noticia es que la placa puede eliminarse cepillándose los dientes, pero la mala, es que se vuelve a formar rápidamente, por lo general en 24 horas (si no se remueve, produce sarro). Mientras más se quede la placa en tus dientes, más irrita la gingiva, es decir la parte de las encías que está alrededor de la base de los dientes.

Hay ciertos factores que incrementan el riesgo de gingivitis. Entre ellos hay enfermedades y hábitos cotidianos. Fíjate si puedes modificar alguno de tus hábitos para poder evitar el riesgo de gingivitis:

- Mala higiene oral
- El cigarrillo
- Uso de drogas
- Tener diabetes
- Ser un adulto mayor
- Problemas con el sistema inmunológico tales como VIH/SIDA o leucemia
- Tener la boca seca
- Ciertos medicamentos que provocan menos producción de saliva
- Cambios hormonales como los relacionados con el embarazo
- Mala nutrición

Cualquier persona puede padecer de gingivitis, así que visita a tu odontólogo o dentista regularmente para que te revise y te indique los pasos a seguir si ya tienes gingivitis o si estás desarrollándola. Y la próxima vez que te sangre la encía cuando te cepillas los dientes o usas el hilo dental, préstale atención a este síntoma. ¡Nada es mejor que una boca sana!




Gingivitis: la inflamación de las encías



Gingivitis: la inflamación de las encías


La escena tal vez se repite sin que te cause mucha alarma: cada vez que te cepillas los dientes, te sale un poco de sangre. Seguramente piensas que es normal porque pudiste haberte lastimado las encías con la presión del cepillado y no le das importancia. Sin embargo, el sangrado de las encías es un indicador de que puedes tener gingivitis.

La gingivitis es una enfermedad periodontal que provoca la inflamación de las encías y el soporte de los dientes. Por lo general no duele mucho, así que puede pasar desapercibida para ti. Sin embargo, si no es tratada por un odontólogo o dentista, puede convertirse en una enfermedad de las encías mucho más grave.

Es por esto que debes mantenerte atento a los síntomas de la gingivitis, que incluyen los siguientes:

- Encías inflamadas y sensibles
- Encías que sangran fácilmente cuando te cepillas o usas el hilo dental
- Mal aliento
- Cambio de color en las encías: de un sano rosado a rojo oscuro

¿Por qué da gingivitis? La causa más común es falta de higiene oral. Por esto, es importante que te cepilles los dientes después de cada comida, y que uses hilo dental para sacar los restos de los alimentos que se quedan entre los dientes y que causan la placa bacteriana.

La placa bacteriana es una capa invisible compuesta de bacterias que se forma cuando las harinas y los azúcares que se quedan en los dientes se juntan con las bacterias que habitan la boca normalmente. La buena noticia es que la placa puede eliminarse cepillándose los dientes, pero la mala, es que se vuelve a formar rápidamente, por lo general en 24 horas (si no se remueve, produce sarro). Mientras más se quede la placa en tus dientes, más irrita la gingiva, es decir la parte de las encías que está alrededor de la base de los dientes.

Hay ciertos factores que incrementan el riesgo de gingivitis. Entre ellos hay enfermedades y hábitos cotidianos. Fíjate si puedes modificar alguno de tus hábitos para poder evitar el riesgo de gingivitis:

- Mala higiene oral
- El cigarrillo
- Uso de drogas
- Tener diabetes
- Ser un adulto mayor
- Problemas con el sistema inmunológico tales como VIH/SIDA o leucemia
- Tener la boca seca
- Ciertos medicamentos que provocan menos producción de saliva
- Cambios hormonales como los relacionados con el embarazo
- Mala nutrición

Cualquier persona puede padecer de gingivitis, así que visita a tu odontólogo o dentista regularmente para que te revise y te indique los pasos a seguir si ya tienes gingivitis o si estás desarrollándola. Y la próxima vez que te sangre la encía cuando te cepillas los dientes o usas el hilo dental, préstale atención a este síntoma. ¡Nada es mejor que una boca sana!











Que las encías sangren con facilidad, de manera espontánea o al pasar el cepillo de dientes es un síntoma que denota que estas encías no están sanas.

El sangrado de las encías es el principio de una alteración bucal que podría desencadenar en una enfermedad llamada periodontitis o enfermedad periodontal.

El fenómeno de hemorragia gingival (sangrado de las encías) va acompañado normalmente de una inflamación localizada o generalizada de las encías, es decir, de un cambio de coloración que hace que las encías estén rojas y más abultadas de lo normal. Este conjunto de cambios gingivales se llama Gingivitis.

Los experimentos realizados a lo largo de los últimos años han permitido averiguar que cuando existe gingivitis, al séptimo día de estar presente esta alteración aparece hemorragia o sangrado gingival al explorar la zona. Para ello se emplea un instrumento llamado sonda periodontal que tiene una pequeña punta de goma para no dañar los tejidos de la boca. Con ello el odontólogo/a valorará el estado de las encías del paciente.





¿Tus encías sangran?...tienes gingivitis







Que las encías sangren con facilidad, de manera espontánea o al pasar el cepillo de dientes es un síntoma que denota que estas encías no están sanas.

El sangrado de las encías es el principio de una alteración bucal que podría desencadenar en una enfermedad llamada periodontitis o enfermedad periodontal.

El fenómeno de hemorragia gingival (sangrado de las encías) va acompañado normalmente de una inflamación localizada o generalizada de las encías, es decir, de un cambio de coloración que hace que las encías estén rojas y más abultadas de lo normal. Este conjunto de cambios gingivales se llama Gingivitis.

Los experimentos realizados a lo largo de los últimos años han permitido averiguar que cuando existe gingivitis, al séptimo día de estar presente esta alteración aparece hemorragia o sangrado gingival al explorar la zona. Para ello se emplea un instrumento llamado sonda periodontal que tiene una pequeña punta de goma para no dañar los tejidos de la boca. Con ello el odontólogo/a valorará el estado de las encías del paciente.









La Clínica Odontológico Escudero le brinda la oportunidad de contar con una excelente salud oral, con la promoción en blanqueamiento dental.

Previa cita al: 344 5316 / 998 143 138





Blanqueamiento dental




La Clínica Odontológico Escudero le brinda la oportunidad de contar con una excelente salud oral, con la promoción en blanqueamiento dental.

Previa cita al: 344 5316 / 998 143 138









Protege los dientes de tus hijos de las bebidas ácidas


Incluyen los refrescos (las sodas), los jugos o zumos de frutas y las bebidas deportivas.

Un estudio realizado en la Universidad de Adelaide, Australia, envía un llamado de alerta a los padres: los dientes de sus hijos pueden sufrir daños considerables, y hasta irreversibles, si consumen bebidas de alto contenido ácido (como los refrescos, los jugos de frutas o las bebidas deportivas). Estas, en combinación con otros dos factores, el rechinar los dientes y el reflujo gastroesofágico, forman parte de un triple ataque a la dentadura. ¡Lo puedes parar!

Desde el momento en que brotan los dientes están bajo el ataque constante de fuerzas externas: el roce con los otros dientes, la fricción de la masticación, el contacto con varias sustancias: incluyendo la saliva, los alimentos y las bacterias que viven en la boca. Todas ellas van afectando el esmalte, que es la capa externa que cubre y protege las piezas dentales (los dientes). Para mantenerlo en buenas condiciones es necesario poner en práctica buenos hábitos de higiene, como un buen cepillado y el uso del hilo dental.

Pero hay mucho más que podemos hacer para mantener el esmalte en las mejores condiciones posibles. A pesar de ser la sustancia más dura de nuestro cuerpo (más dura todavía que los huesos), resulta muy frágil y vulnerable cuando entra en contacto con ácidos, que lo van disolviendo y desgastando, propiciando así la aparición de caries y el deterioro del diente.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Adelaide, al sur de Australia, acaban de publicar un informe sobre la erosión del esmalte dental en la publicación profesional Journal of Dentistry. En el informe advierten a los padres que los dientes de los niños pueden ser afectados por el alto contenido de ácido de los refrescos o sodas, de las bebidas de frutas y de las bebidas deportivas. Pero esta no es la peor parte: el deterioro irreversible del esmalte puede ocurrir en sólo 30 minutos después de que se consume la sustancia o bebida con alto contenido ácido.

Y como es poco probable que el niño corra a lavarse los dientes o a enjuagarse la boca antes de que transcurra ese tiempo, la mejor alternativa es reducir el consumo y mejor aún, evitar por completo este tipo de bebidas.

El ácido no es el único agente destructor. A éste se suman el reflujo gastroesofágico o ERGE (que también contiene una cantidad elevada de ácido), y el rechinar o apretar los dientes, una condición que se conoce como bruxismo. ¿Se ha quejado el niño últimamente de dolor en la mandíbula, la cabeza o en el oído? Quizás pueda ser una señal de que está apretando los dientes sin darse cuenta, tanto durante el día como durante la noche, mientras duerme. Esta condición es frecuente en los niños, especialmente mientras se les está desarrollando la mandíbula o le están brotando los dientes, y suele ser transitoria.

Los investigadores enfatizan que este triple ataque a la dentadura (reflujo gastroesofágico sin diagnosticar y por consiguiente, sin tratar, el bruxismo y el consumo de bebidas ácidas) puede ocasionar un gran desgaste en la dentadura de los niños que es irreversible. Además, indican que la erosión dental es un problema que ha ido en aumento en los países desarrollados y que suele detectarse clínicamente una vez que el diente ha sufrido daños en su estructura.

¿Cuáles son las soluciones? La primera es la reducción o eliminación de las bebidas ácidas de la dieta. Otras son controlar el bruxismoy tratar de detectar los síntomas del reflujo gástrico (prestar atención si el niño regurgita a menudo los alimentos, si se queja de ardor en el estómago o siente náuseas). El pediatra puede evaluar al niño y ayudarte a salir de dudas.

Por cierto, los adultos también pueden seguir estas recomendaciones y poner el ejemplo en casa. Todos en la familia deben esforzarse por mantener una buena higiene bucal y visitar al dentista al menos una vez al año. Es la mejor manera de evitar el daño al esmalte de los dientes y detectar cualquier problema a tiempo, cuando la solución es más sencilla y menos costosa.



Protege los dientes de tus hijos de las bebidas ácidas




Protege los dientes de tus hijos de las bebidas ácidas


Incluyen los refrescos (las sodas), los jugos o zumos de frutas y las bebidas deportivas.

Un estudio realizado en la Universidad de Adelaide, Australia, envía un llamado de alerta a los padres: los dientes de sus hijos pueden sufrir daños considerables, y hasta irreversibles, si consumen bebidas de alto contenido ácido (como los refrescos, los jugos de frutas o las bebidas deportivas). Estas, en combinación con otros dos factores, el rechinar los dientes y el reflujo gastroesofágico, forman parte de un triple ataque a la dentadura. ¡Lo puedes parar!

Desde el momento en que brotan los dientes están bajo el ataque constante de fuerzas externas: el roce con los otros dientes, la fricción de la masticación, el contacto con varias sustancias: incluyendo la saliva, los alimentos y las bacterias que viven en la boca. Todas ellas van afectando el esmalte, que es la capa externa que cubre y protege las piezas dentales (los dientes). Para mantenerlo en buenas condiciones es necesario poner en práctica buenos hábitos de higiene, como un buen cepillado y el uso del hilo dental.

Pero hay mucho más que podemos hacer para mantener el esmalte en las mejores condiciones posibles. A pesar de ser la sustancia más dura de nuestro cuerpo (más dura todavía que los huesos), resulta muy frágil y vulnerable cuando entra en contacto con ácidos, que lo van disolviendo y desgastando, propiciando así la aparición de caries y el deterioro del diente.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Adelaide, al sur de Australia, acaban de publicar un informe sobre la erosión del esmalte dental en la publicación profesional Journal of Dentistry. En el informe advierten a los padres que los dientes de los niños pueden ser afectados por el alto contenido de ácido de los refrescos o sodas, de las bebidas de frutas y de las bebidas deportivas. Pero esta no es la peor parte: el deterioro irreversible del esmalte puede ocurrir en sólo 30 minutos después de que se consume la sustancia o bebida con alto contenido ácido.

Y como es poco probable que el niño corra a lavarse los dientes o a enjuagarse la boca antes de que transcurra ese tiempo, la mejor alternativa es reducir el consumo y mejor aún, evitar por completo este tipo de bebidas.

El ácido no es el único agente destructor. A éste se suman el reflujo gastroesofágico o ERGE (que también contiene una cantidad elevada de ácido), y el rechinar o apretar los dientes, una condición que se conoce como bruxismo. ¿Se ha quejado el niño últimamente de dolor en la mandíbula, la cabeza o en el oído? Quizás pueda ser una señal de que está apretando los dientes sin darse cuenta, tanto durante el día como durante la noche, mientras duerme. Esta condición es frecuente en los niños, especialmente mientras se les está desarrollando la mandíbula o le están brotando los dientes, y suele ser transitoria.

Los investigadores enfatizan que este triple ataque a la dentadura (reflujo gastroesofágico sin diagnosticar y por consiguiente, sin tratar, el bruxismo y el consumo de bebidas ácidas) puede ocasionar un gran desgaste en la dentadura de los niños que es irreversible. Además, indican que la erosión dental es un problema que ha ido en aumento en los países desarrollados y que suele detectarse clínicamente una vez que el diente ha sufrido daños en su estructura.

¿Cuáles son las soluciones? La primera es la reducción o eliminación de las bebidas ácidas de la dieta. Otras son controlar el bruxismoy tratar de detectar los síntomas del reflujo gástrico (prestar atención si el niño regurgita a menudo los alimentos, si se queja de ardor en el estómago o siente náuseas). El pediatra puede evaluar al niño y ayudarte a salir de dudas.

Por cierto, los adultos también pueden seguir estas recomendaciones y poner el ejemplo en casa. Todos en la familia deben esforzarse por mantener una buena higiene bucal y visitar al dentista al menos una vez al año. Es la mejor manera de evitar el daño al esmalte de los dientes y detectar cualquier problema a tiempo, cuando la solución es más sencilla y menos costosa.







¿Cuántas limpiezas dentales necesitas al año?


La salud de tus dientes y tus encías depende de tus buenos hábitos de alimentación, cepillados diarios, el uso del hilo dental, así como de visitas frecuentes al dentista para una revisión del estado de tu boca y una limpieza profesional. ¿Te has preguntado con cuánta frecuencia necesitas estas limpiezas? Hay varios factores que influyen para determinar si necesitas ir una vez al año, dos o incluso más seguido. Aquí te informamos.

¿Cuándo fue la última vez que visitaste el consultorio de tu dentista? Quizá, te sugirió que regresaras en seis meses para otra limpieza, esta es una recomendación común entre los odontólogos e higienistas y que ha prevalecido durante décadas.

Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Michigan, publicado en el medio Journal of Dental Research, afirma que no existe evidencia que sustente esta recomendación. Después de analizar y seguir los casos de más de 5,100 adultos quienes visitaban al dentista regularmente durante 16 años seguidos, los investigadores llegaron a la conclusión de que la mayoría de las personas no necesita más de una visita anual al dentista, a no ser que tengan factores de riesgo, como fumar, padecer de diabetes o que tengan alguna predisposición genética a enfermedades de las encías.

Entonces, ¿quién tiene la razón? No tienes por qué confundirte. Cada persona y cada paciente es un mundo aparte, por lo que la necesidad de visitar al dentista con una frecuencia determinada depende, en gran medida, de sus hábitos de limpieza dental, su alimentación, su estilo de vida y hasta de la edad de la persona.

¿De dónde surgió la recomendación de dos visitas al odontólogo al año? Se tomó como base a una persona “promedio”. Bajo esta categoría estarían incluidas las personas de mediana edad, que no son fumadoras, se cepillan los dientes dos veces al día y no consumen demasiados alimentos ricos en azúcar. Estas personas, en un período de seis meses, ya han acumulado suficiente sarro como para necesitar una limpieza para eliminarlo y así proteger la salud de su dentadura y de sus encías.

Es cierto que existen personas que podrían espaciar mucho más las limpiezas, pero este grupo es mucho más reducido que el anterior. Por lo general, los que pueden esperar un año entre una limpieza profesional y otra son personas de 20 o 30 años de edad, que llevan una dieta extremadamente sana y balanceada y, que además del cepillado a conciencia, usan el hilo dental diariamente. ¿Cumples con todos esos requisitos? Felicidades si tu respuesta es sí, pero la gran mayoría no tiene ni la disciplina ni la constancia de este grupo en particular, por lo que definitivamente se beneficiaría de dos limpiezas anuales para suplir las consecuencias de las deficiencias de su limpieza y de su alimentación.

Si dos limpiezas te parecen excesivas, te comento que hay personas que necesitan incluso muchas más. Entre ellas:

- Las personas que consumen alimentos y bebidas azucaradas frecuentemente.

- Las personas que toman medicamentos que resecan la boca (la escasez de saliva promueve la proliferación de las bacterias que dañan las encías, los dientes y los huesos de la mandíbula).

- Las personas de mediana edad en adelante. A medida que avanzamos en edad, se van acumulando los problemas causados por los hábitos de toda una vida, a la vez que van apareciendo otras condiciones que pueden afectar la salud de la boca.

- Las personas con poco espacio en la boca, con dientes montados lo que les dificulta la limpieza a fondo o pasar el hilo dental.

Como ves, hay muchos factores que influyen en el número de limpiezas que se necesitan. No esperes más de eso, ya que a partir de los dieciocho meses sin una limpieza profesional, aumenta el riesgo de pérdida ósea (de hueso) y el riesgo para el desarrollo de enfermedades de las encías. Mi consejo es que mantengas buenos hábitos de limpieza, elimines la mayor cantidad de azúcar de tu dieta y sigas las instrucciones de tu odontólogo (dentista), que conocen tu caso y pueden evaluar exactamente lo más conveniente para mantener la salud de tu boca.





¿Cuántas limpiezas dentales necesitas al año?




¿Cuántas limpiezas dentales necesitas al año?


La salud de tus dientes y tus encías depende de tus buenos hábitos de alimentación, cepillados diarios, el uso del hilo dental, así como de visitas frecuentes al dentista para una revisión del estado de tu boca y una limpieza profesional. ¿Te has preguntado con cuánta frecuencia necesitas estas limpiezas? Hay varios factores que influyen para determinar si necesitas ir una vez al año, dos o incluso más seguido. Aquí te informamos.

¿Cuándo fue la última vez que visitaste el consultorio de tu dentista? Quizá, te sugirió que regresaras en seis meses para otra limpieza, esta es una recomendación común entre los odontólogos e higienistas y que ha prevalecido durante décadas.

Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Michigan, publicado en el medio Journal of Dental Research, afirma que no existe evidencia que sustente esta recomendación. Después de analizar y seguir los casos de más de 5,100 adultos quienes visitaban al dentista regularmente durante 16 años seguidos, los investigadores llegaron a la conclusión de que la mayoría de las personas no necesita más de una visita anual al dentista, a no ser que tengan factores de riesgo, como fumar, padecer de diabetes o que tengan alguna predisposición genética a enfermedades de las encías.

Entonces, ¿quién tiene la razón? No tienes por qué confundirte. Cada persona y cada paciente es un mundo aparte, por lo que la necesidad de visitar al dentista con una frecuencia determinada depende, en gran medida, de sus hábitos de limpieza dental, su alimentación, su estilo de vida y hasta de la edad de la persona.

¿De dónde surgió la recomendación de dos visitas al odontólogo al año? Se tomó como base a una persona “promedio”. Bajo esta categoría estarían incluidas las personas de mediana edad, que no son fumadoras, se cepillan los dientes dos veces al día y no consumen demasiados alimentos ricos en azúcar. Estas personas, en un período de seis meses, ya han acumulado suficiente sarro como para necesitar una limpieza para eliminarlo y así proteger la salud de su dentadura y de sus encías.

Es cierto que existen personas que podrían espaciar mucho más las limpiezas, pero este grupo es mucho más reducido que el anterior. Por lo general, los que pueden esperar un año entre una limpieza profesional y otra son personas de 20 o 30 años de edad, que llevan una dieta extremadamente sana y balanceada y, que además del cepillado a conciencia, usan el hilo dental diariamente. ¿Cumples con todos esos requisitos? Felicidades si tu respuesta es sí, pero la gran mayoría no tiene ni la disciplina ni la constancia de este grupo en particular, por lo que definitivamente se beneficiaría de dos limpiezas anuales para suplir las consecuencias de las deficiencias de su limpieza y de su alimentación.

Si dos limpiezas te parecen excesivas, te comento que hay personas que necesitan incluso muchas más. Entre ellas:

- Las personas que consumen alimentos y bebidas azucaradas frecuentemente.

- Las personas que toman medicamentos que resecan la boca (la escasez de saliva promueve la proliferación de las bacterias que dañan las encías, los dientes y los huesos de la mandíbula).

- Las personas de mediana edad en adelante. A medida que avanzamos en edad, se van acumulando los problemas causados por los hábitos de toda una vida, a la vez que van apareciendo otras condiciones que pueden afectar la salud de la boca.

- Las personas con poco espacio en la boca, con dientes montados lo que les dificulta la limpieza a fondo o pasar el hilo dental.

Como ves, hay muchos factores que influyen en el número de limpiezas que se necesitan. No esperes más de eso, ya que a partir de los dieciocho meses sin una limpieza profesional, aumenta el riesgo de pérdida ósea (de hueso) y el riesgo para el desarrollo de enfermedades de las encías. Mi consejo es que mantengas buenos hábitos de limpieza, elimines la mayor cantidad de azúcar de tu dieta y sigas las instrucciones de tu odontólogo (dentista), que conocen tu caso y pueden evaluar exactamente lo más conveniente para mantener la salud de tu boca.









¿Qué se esconde en tu cepillo de dientes?


Parece que está limpio… pero no te confíes. Tu cepillo de dientes, si no sabes la manera de cuidarlo y guardarlo, puede estar lleno de microbios escondidos, desde estafilococos hasta bacterias intestinales. Entérate de lo que debes hacer para mantener tu cepillo y a ti mismo(a) libre de visitantes indeseables.

Lo utilizas varias veces al día para mantener los dientes y la boca limpios, pero ¿qué tan limpio está el cepillo? A simple vista, no notas el peligro, pero los microbios y las bacterias proliferan en todas partes, tanto en el cepillo como en tu boca. Esta le sirve de “hotel” a cientos de microorganismos de distintos tipos, y lo peor es que pueden pasar al cepillo de dientes cuando lo usas y multiplicarse allí a su gusto. Para complicar más las cosas, el cepillo de dientes se guarda generalmente en el baño, y eso puede contaminarlo con gérmenes del aparato digestivo. Esto ocurre si no te lavas bien las manos después de ir al baño, o puede suceder debido a las gotas microscópicas que se esparcen después de descargar la taza sanitaria si ésta se encuentra muy cerca del lavabo.

¿Hay algo que puedas hacer para mantener tu cepillo de dientes libre de bacterias y organismos indeseables? La clave está en cuidarlo, guardarlo de la manera apropiada… y reemplazarlo con frecuencia. Los siguientes puntos pueden ayudarte a conservar tu cepillo de dientes limpio y “saludable”:

1. Lávate las manos. Después de ir al baño y antes de cepillarte los dientes cada vez. Esta simple precaución reduce las probabilidades de que haya contaminación fecal.

2. Usa un enjuague bucal antimicrobiano antes de cepillarte los dientes. Ese tipo de enjuague disminuye las bacterias de la boca, lo que reduce el riesgo de que terminen en tu cepillo de dientes cuando lo uses.

3. Utiliza el hilo dental. Debe ser parte de tu limpieza bucal regular. El hilo dental reduce las bacterias que se alojan en tu boca, y así no contaminan el cepillo. Esto es aun más importante si tienes alguna enfermedad de las encías, porque las bacterias bucales pueden pasar a la corriente sanguínea cuando realices actividades normales como comer, mascar chicle o cepillarte los dientes.

4. Mantén tu cepillo bien limpio. Lávalo con el agua del grifo hasta que esté completamente limpio, cuidando de eliminar todo residuo de pasta dental y de alimentos entre las cerdas. También se ha dicho que si remojas tu cepillo de vez en cuando en un poco de enjuague bucal antimicrobiano, disminuye el nivel de bacterias que se desarrollan en él.

5. Guarda tu cepillo de la forma correcta. Eso significa colocarlo verticalmente con las cerdas hacia arriba para que se sequen al aire. El cepillo debe estar bien seco la próxima vez que lo uses. Según la American Dental Association, nunca guardes tu cepillo en un envase cerrado ni lo cubras (la humedad hace que los microorganismos se desarrollen con más rapidez). Si debes guardar más de un cepillo de dientes en un mismo vaso, procura que queden separados. Si los cepillos se tocan, lo gérmenes se propagan con más rapidez.

6. No te “enamores” de tu cepillo. Cambiarlo más o menos cada tres meses es razonable, a no ser que las cerdas se estropeen o se deformen antes. Si notas que tu cepillo está roto o deteriorado, reemplázalo en ese momento por otro nuevo.

7. Ten cuidado adicional cuando te enfermes. Las enfermedades se transmiten a través de los líquidos del cuerpo. Si algún miembro de la familia está enfermo, su cepillo de dientes debe guardarse alejado de los demás para evitar la contaminación. Y lo ideal es reemplazar el cepillo contaminado por uno nuevo cuando la persona recobre la salud.

8. No compartas tu cepillo de dientes con nadie. Si lo haces, además de compartir el cepillo, compartes las bacterias que se alojan en él. Entre ellas, las que causan caries dentales y enfermedades de las encías, dos problemas que afectan a gran parte de los adultos.

Claro que “tratar con cariño” a tu cepillo de dientes es importante para conservarlo en buen estado, para garantizar una higiene dental efectiva y minimizar el riesgo de contaminación. Pero recuerda que eso no sustituye las visitas al dentista para revisiones periódicas y limpiezas profesionales. El dentista puede descubrir cualquier problema a tiempo, y poner en práctica el tratamiento adecuado para mantener tu aliento fresco y tu dentadura saludable.






8 formas de mantenerlo impecable




¿Qué se esconde en tu cepillo de dientes?


Parece que está limpio… pero no te confíes. Tu cepillo de dientes, si no sabes la manera de cuidarlo y guardarlo, puede estar lleno de microbios escondidos, desde estafilococos hasta bacterias intestinales. Entérate de lo que debes hacer para mantener tu cepillo y a ti mismo(a) libre de visitantes indeseables.

Lo utilizas varias veces al día para mantener los dientes y la boca limpios, pero ¿qué tan limpio está el cepillo? A simple vista, no notas el peligro, pero los microbios y las bacterias proliferan en todas partes, tanto en el cepillo como en tu boca. Esta le sirve de “hotel” a cientos de microorganismos de distintos tipos, y lo peor es que pueden pasar al cepillo de dientes cuando lo usas y multiplicarse allí a su gusto. Para complicar más las cosas, el cepillo de dientes se guarda generalmente en el baño, y eso puede contaminarlo con gérmenes del aparato digestivo. Esto ocurre si no te lavas bien las manos después de ir al baño, o puede suceder debido a las gotas microscópicas que se esparcen después de descargar la taza sanitaria si ésta se encuentra muy cerca del lavabo.

¿Hay algo que puedas hacer para mantener tu cepillo de dientes libre de bacterias y organismos indeseables? La clave está en cuidarlo, guardarlo de la manera apropiada… y reemplazarlo con frecuencia. Los siguientes puntos pueden ayudarte a conservar tu cepillo de dientes limpio y “saludable”:

1. Lávate las manos. Después de ir al baño y antes de cepillarte los dientes cada vez. Esta simple precaución reduce las probabilidades de que haya contaminación fecal.

2. Usa un enjuague bucal antimicrobiano antes de cepillarte los dientes. Ese tipo de enjuague disminuye las bacterias de la boca, lo que reduce el riesgo de que terminen en tu cepillo de dientes cuando lo uses.

3. Utiliza el hilo dental. Debe ser parte de tu limpieza bucal regular. El hilo dental reduce las bacterias que se alojan en tu boca, y así no contaminan el cepillo. Esto es aun más importante si tienes alguna enfermedad de las encías, porque las bacterias bucales pueden pasar a la corriente sanguínea cuando realices actividades normales como comer, mascar chicle o cepillarte los dientes.

4. Mantén tu cepillo bien limpio. Lávalo con el agua del grifo hasta que esté completamente limpio, cuidando de eliminar todo residuo de pasta dental y de alimentos entre las cerdas. También se ha dicho que si remojas tu cepillo de vez en cuando en un poco de enjuague bucal antimicrobiano, disminuye el nivel de bacterias que se desarrollan en él.

5. Guarda tu cepillo de la forma correcta. Eso significa colocarlo verticalmente con las cerdas hacia arriba para que se sequen al aire. El cepillo debe estar bien seco la próxima vez que lo uses. Según la American Dental Association, nunca guardes tu cepillo en un envase cerrado ni lo cubras (la humedad hace que los microorganismos se desarrollen con más rapidez). Si debes guardar más de un cepillo de dientes en un mismo vaso, procura que queden separados. Si los cepillos se tocan, lo gérmenes se propagan con más rapidez.

6. No te “enamores” de tu cepillo. Cambiarlo más o menos cada tres meses es razonable, a no ser que las cerdas se estropeen o se deformen antes. Si notas que tu cepillo está roto o deteriorado, reemplázalo en ese momento por otro nuevo.

7. Ten cuidado adicional cuando te enfermes. Las enfermedades se transmiten a través de los líquidos del cuerpo. Si algún miembro de la familia está enfermo, su cepillo de dientes debe guardarse alejado de los demás para evitar la contaminación. Y lo ideal es reemplazar el cepillo contaminado por uno nuevo cuando la persona recobre la salud.

8. No compartas tu cepillo de dientes con nadie. Si lo haces, además de compartir el cepillo, compartes las bacterias que se alojan en él. Entre ellas, las que causan caries dentales y enfermedades de las encías, dos problemas que afectan a gran parte de los adultos.

Claro que “tratar con cariño” a tu cepillo de dientes es importante para conservarlo en buen estado, para garantizar una higiene dental efectiva y minimizar el riesgo de contaminación. Pero recuerda que eso no sustituye las visitas al dentista para revisiones periódicas y limpiezas profesionales. El dentista puede descubrir cualquier problema a tiempo, y poner en práctica el tratamiento adecuado para mantener tu aliento fresco y tu dentadura saludable.










¿Dolor de muelas? Lo que debes saber…



Dicen que el dolor de muelas es uno de los peores dolores que se pueden sentir. La verdad, es que al decir “muelas” la gente se refiere también a los dientes, pero es una forma popular de hablar. Independientemente de que el dolor sea en un diente o en una muela, aunque no sea muy agudo, puede indicar un problema que debe remediarse tan pronto y sea posible. Por eso, si te duelen los dientes o las muelas, continúa leyendo, este artículo te ayudará a entender las causas. Y luego de que termines de leer, ¡visita a tu odontólogo o dentista!

Cuando sientes dolor, significa que algo no anda bien. El organismo humano es tan perfecto, que te avisa de que algo necesita atención, o te envía una señal encendiendo “su alarma” en forma de dolor. ¿Te imaginas que estés en medio de una cena deliciosa y de repente sientas un dolor intenso en un diente o en una muela? ¿O que de repente, empieces a sentir que una punzada insoportable en tu boca? El dolor de muelas o el dolor en los dientes indica que hay algo que no está bien en tu boca y que debes prestarle atención de inmediato.

¿Por qué te duelen los dientes? Hay varias posibilidades, entre ellas:

- Caries, que se le llaman comúnmente “picadura de dientes”, que es causada cuando las bacterias producen ácidos que destruyen el diente
- Absceso en los dientes (es el daño causado en la raíz del diente o entre el diente y la encía debido a una caries avanzada)
- Encías infectadas
- Una calza o relleno dañado
- Movimientos repetitivos como apretar/rechinar los dientes o bruxismo

El dolor en las muelas o en los dientes y su intensidad, pueden variar. A veces sucede que sólo te duele el diente cuando lo tocas o aplicas presión sobre él. Otra veces, el dolor está acompañado por inflamación (hinchazón) alrededor del diente, con fiebre y en ocasiones, también puede estar acompañado por secreciones como pus y sangre y hasta dolor en la cara y el oído. En cualquier caso, si el dolor es intenso y dura más de un día, debes ir al odontólogo o dentista. Esto debe de tratarse.

¿Por qué es tan importante que visites de inmediato a tu dentista? Primero, vas a ver que el dolor es tan intenso que no vas a querer soportarlo más. Y segundo, y más importante, porque una vez que el dentista identifica la causa puede tratarlo y evitar que la infección se propague en tu organismo. Porque además del dolor, una infección de muelas o de encías que no se trata puede traerte complicaciones serias a tu salud general.

Cuando estés en el consultorio de tu odontólogo o dentista, él o ella te examinará, te hará preguntas acerca del dolor y quizá te tome una radiografía para tener más información. De ahí en adelante y dependiendo de la causa de tu dolor de muelas o dientes, decidirá y realizará el tratamiento adecuado que puede ser, entre otros: tapar la caries, extraer el diente o la muela, hacer tratamiento de conductos (endodoncia), recetarte antibióticos, etc.

¿Nunca has tenido un dolor de muela y no quieres tener uno? Es fácil. ¡Actúa para prevenirlo! La higiene oral es la clave para mantener a raya a las bacterias que causan este tipo de complicaciones en tu boca.

Cepíllate los dientes al menos dos veces al día, usa seda o hilo dental y visita a tu odontólogo o dentista regularmente. Así lo más probable es que no sabrás lo que es un dolor de muelas o dientes, y te prometo que no te estarás perdiendo de nada.





¿Dolor de muelas? Lo que debes saber…




¿Dolor de muelas? Lo que debes saber…



Dicen que el dolor de muelas es uno de los peores dolores que se pueden sentir. La verdad, es que al decir “muelas” la gente se refiere también a los dientes, pero es una forma popular de hablar. Independientemente de que el dolor sea en un diente o en una muela, aunque no sea muy agudo, puede indicar un problema que debe remediarse tan pronto y sea posible. Por eso, si te duelen los dientes o las muelas, continúa leyendo, este artículo te ayudará a entender las causas. Y luego de que termines de leer, ¡visita a tu odontólogo o dentista!

Cuando sientes dolor, significa que algo no anda bien. El organismo humano es tan perfecto, que te avisa de que algo necesita atención, o te envía una señal encendiendo “su alarma” en forma de dolor. ¿Te imaginas que estés en medio de una cena deliciosa y de repente sientas un dolor intenso en un diente o en una muela? ¿O que de repente, empieces a sentir que una punzada insoportable en tu boca? El dolor de muelas o el dolor en los dientes indica que hay algo que no está bien en tu boca y que debes prestarle atención de inmediato.

¿Por qué te duelen los dientes? Hay varias posibilidades, entre ellas:

- Caries, que se le llaman comúnmente “picadura de dientes”, que es causada cuando las bacterias producen ácidos que destruyen el diente
- Absceso en los dientes (es el daño causado en la raíz del diente o entre el diente y la encía debido a una caries avanzada)
- Encías infectadas
- Una calza o relleno dañado
- Movimientos repetitivos como apretar/rechinar los dientes o bruxismo

El dolor en las muelas o en los dientes y su intensidad, pueden variar. A veces sucede que sólo te duele el diente cuando lo tocas o aplicas presión sobre él. Otra veces, el dolor está acompañado por inflamación (hinchazón) alrededor del diente, con fiebre y en ocasiones, también puede estar acompañado por secreciones como pus y sangre y hasta dolor en la cara y el oído. En cualquier caso, si el dolor es intenso y dura más de un día, debes ir al odontólogo o dentista. Esto debe de tratarse.

¿Por qué es tan importante que visites de inmediato a tu dentista? Primero, vas a ver que el dolor es tan intenso que no vas a querer soportarlo más. Y segundo, y más importante, porque una vez que el dentista identifica la causa puede tratarlo y evitar que la infección se propague en tu organismo. Porque además del dolor, una infección de muelas o de encías que no se trata puede traerte complicaciones serias a tu salud general.

Cuando estés en el consultorio de tu odontólogo o dentista, él o ella te examinará, te hará preguntas acerca del dolor y quizá te tome una radiografía para tener más información. De ahí en adelante y dependiendo de la causa de tu dolor de muelas o dientes, decidirá y realizará el tratamiento adecuado que puede ser, entre otros: tapar la caries, extraer el diente o la muela, hacer tratamiento de conductos (endodoncia), recetarte antibióticos, etc.

¿Nunca has tenido un dolor de muela y no quieres tener uno? Es fácil. ¡Actúa para prevenirlo! La higiene oral es la clave para mantener a raya a las bacterias que causan este tipo de complicaciones en tu boca.

Cepíllate los dientes al menos dos veces al día, usa seda o hilo dental y visita a tu odontólogo o dentista regularmente. Así lo más probable es que no sabrás lo que es un dolor de muelas o dientes, y te prometo que no te estarás perdiendo de nada.






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Lo que debes saber sobre las 

“muelas del juicio”


¿Has oído hablar de las muelas del juicio? Si te las tuvieron que sacar o te han mencionado que seria mejor sacártelas, seguramente sí. Pero seguro que no sabes por qué se llaman así y tampoco, por qué tu dentista piensa (o decidió) que es (o era) mejor extraerlas. Acá te contamos esos detalles y más sobre las muelas del juicio.

Los dientes salen cuando todavía somos niños. Sin embargo, las “muelas del juicio” son las últimas muelas en salir y en ocupar su posición en la boca. Lo hacen alrededor de los 18 años, cuando se supone que tenemos más juicio o sabiduría que cuando éramos niños. De ahí viene su nombre.

Las muelas del juicio son 4: dos a cada lado del maxilar superior y dos a cada lado de la mandíbula o maxilar inferior. Cuando salen sanas y alineadas correctamente, estas muelas son un aporte valioso a la boca. Sin embargo, es muy común que las muelas del juicio salgan torcidas: a veces salen de forma horizontal o en un ángulo en que presionan a otros molares o al hueso de la mandíbula. Cuando salen de esa forma pueden apretar las estructuras en la boca, dañar los dientes vecinos (los hacen más propensos a la caries y la placa), la mandíbula e incluso los nervios. En estos casos es necesario sacarlas.

También sucede que las muelas del juicio pueden salir parcialmente, lo cual las hace propensas a caries y a otras enfermedades por que son difíciles de alcanzar con el cepillado y la seda dental, lo cual hace que se acumulen bacterias. Esto sucede porque no tienen suficiente espacio en la boca para salir completamente.

Tu dentista o tu cirujano oral/máxilofacial determinará si es necesario sacar tus muelas del juicio a través de una radiografía. En ocasiones puede ser que decida sacártelas antes de que causen problemas.

Desde luego, no siempre es necesario sacarte las muelas del juicio. Esto pasa si:

- Tus muelas son sanas
- Salieron completamente
- Está posicionadas correctamente
- Puedes limpiarlas en tu rutina diaria de higiene oral


Si te sacan las muelas del juicio, el cirujano te pondrá anestesia alrededor del área donde se encuentran las muelas. La duración del procedimiento depende de la condición de tus muelas si salieron completamente o si están causando problemas a otros molares o al hueso maxilar y exige reposo para la recuperación. Por lo general, durante las primeras 24 horas luego de la cirugía, puedes esperar los siguiente:

- Sangrado: podría ser abundante durante las primeras horas. Se recomienda que te pongas una gasa limpia y húmeda en la cavidad y que muerdas firmemente. Aplica presión constante por lo menos durante 45 minutos. Una buena alternativa es usar una bolsa de té húmeda. El ácido tánico del té ayuda a la formación de coágulos para que sane la herida. No tomes nada con popote o pitillo, evita las bebidas calientes y pero si el sangrado continúa en abundancia y no se detiene, llama a tu cirujano de inmediato.

- Inflamación (hinchazón): Ocurre en la cara, alrededor del área de donde se extrajeron (se sacaron) las muelas. Para disminuir la inflamación aplica un pedazo de hielo envuelto en un trapo en la parte que está hinchada por un período de 10 minutos. Retíralo durante 20 minutos y repite (varias veces).

- Medicamentos para el dolor: el Acetaminofén (Tylenol) o Ibuprofeno (Motrin o Advil) pueden ayudarte a calmar el dolor.

- Quizá tu odontólogo o cirujano te haya recetado antibióticos antes de sacarte las muelas del juicio para tratar o prevenir una infección. Debes continuar tomándolos hasta que te lo indiquen.

- Debes limitar tu dieta a líquidos exclusivamente hasta que la anestesia haya terminado su efecto.

- Cepíllate los dientes, pero evita tocar aquellos que están muy cerca de las muelas que te extrajeron. No uses enjuagues bucales porque pueden irritarte. En su lugar usa un enjuague de agua tibia y sal cuando hayan pasado 24 horas de tu cirugía.

Si te pusieron puntos en la herida y no son de los que se disuelven por sí mismos, tu dentista o cirujano máxilofacial debe quitártelos en alrededor de una semana.

Recuerda que el extraer las muelas del juicio no es necesario para todo el mundo y si es necesario que te las quiten, tampoco es igual de un paciente a otro. Consulta con tu dentista o cirujano para saber qué es lo mejor en tu caso particular.

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¿Has oído hablar de las muelas del juicio?

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Lo que debes saber sobre las 

“muelas del juicio”


¿Has oído hablar de las muelas del juicio? Si te las tuvieron que sacar o te han mencionado que seria mejor sacártelas, seguramente sí. Pero seguro que no sabes por qué se llaman así y tampoco, por qué tu dentista piensa (o decidió) que es (o era) mejor extraerlas. Acá te contamos esos detalles y más sobre las muelas del juicio.

Los dientes salen cuando todavía somos niños. Sin embargo, las “muelas del juicio” son las últimas muelas en salir y en ocupar su posición en la boca. Lo hacen alrededor de los 18 años, cuando se supone que tenemos más juicio o sabiduría que cuando éramos niños. De ahí viene su nombre.

Las muelas del juicio son 4: dos a cada lado del maxilar superior y dos a cada lado de la mandíbula o maxilar inferior. Cuando salen sanas y alineadas correctamente, estas muelas son un aporte valioso a la boca. Sin embargo, es muy común que las muelas del juicio salgan torcidas: a veces salen de forma horizontal o en un ángulo en que presionan a otros molares o al hueso de la mandíbula. Cuando salen de esa forma pueden apretar las estructuras en la boca, dañar los dientes vecinos (los hacen más propensos a la caries y la placa), la mandíbula e incluso los nervios. En estos casos es necesario sacarlas.

También sucede que las muelas del juicio pueden salir parcialmente, lo cual las hace propensas a caries y a otras enfermedades por que son difíciles de alcanzar con el cepillado y la seda dental, lo cual hace que se acumulen bacterias. Esto sucede porque no tienen suficiente espacio en la boca para salir completamente.

Tu dentista o tu cirujano oral/máxilofacial determinará si es necesario sacar tus muelas del juicio a través de una radiografía. En ocasiones puede ser que decida sacártelas antes de que causen problemas.

Desde luego, no siempre es necesario sacarte las muelas del juicio. Esto pasa si:

- Tus muelas son sanas
- Salieron completamente
- Está posicionadas correctamente
- Puedes limpiarlas en tu rutina diaria de higiene oral


Si te sacan las muelas del juicio, el cirujano te pondrá anestesia alrededor del área donde se encuentran las muelas. La duración del procedimiento depende de la condición de tus muelas si salieron completamente o si están causando problemas a otros molares o al hueso maxilar y exige reposo para la recuperación. Por lo general, durante las primeras 24 horas luego de la cirugía, puedes esperar los siguiente:

- Sangrado: podría ser abundante durante las primeras horas. Se recomienda que te pongas una gasa limpia y húmeda en la cavidad y que muerdas firmemente. Aplica presión constante por lo menos durante 45 minutos. Una buena alternativa es usar una bolsa de té húmeda. El ácido tánico del té ayuda a la formación de coágulos para que sane la herida. No tomes nada con popote o pitillo, evita las bebidas calientes y pero si el sangrado continúa en abundancia y no se detiene, llama a tu cirujano de inmediato.

- Inflamación (hinchazón): Ocurre en la cara, alrededor del área de donde se extrajeron (se sacaron) las muelas. Para disminuir la inflamación aplica un pedazo de hielo envuelto en un trapo en la parte que está hinchada por un período de 10 minutos. Retíralo durante 20 minutos y repite (varias veces).

- Medicamentos para el dolor: el Acetaminofén (Tylenol) o Ibuprofeno (Motrin o Advil) pueden ayudarte a calmar el dolor.

- Quizá tu odontólogo o cirujano te haya recetado antibióticos antes de sacarte las muelas del juicio para tratar o prevenir una infección. Debes continuar tomándolos hasta que te lo indiquen.

- Debes limitar tu dieta a líquidos exclusivamente hasta que la anestesia haya terminado su efecto.

- Cepíllate los dientes, pero evita tocar aquellos que están muy cerca de las muelas que te extrajeron. No uses enjuagues bucales porque pueden irritarte. En su lugar usa un enjuague de agua tibia y sal cuando hayan pasado 24 horas de tu cirugía.

Si te pusieron puntos en la herida y no son de los que se disuelven por sí mismos, tu dentista o cirujano máxilofacial debe quitártelos en alrededor de una semana.

Recuerda que el extraer las muelas del juicio no es necesario para todo el mundo y si es necesario que te las quiten, tampoco es igual de un paciente a otro. Consulta con tu dentista o cirujano para saber qué es lo mejor en tu caso particular.

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¿Qué pasa durante la visita al dentista?


El dentista examinará tu cara y los ganglios debajo de la mandíbula para ver si están hinchados, lo cual indica alguna infección. También revisará tu mordida, utilizará un espejo para examinar tu lengua y otros tejidos blandos que se encuentran en tu boca. Con un instrumento puntiagudo llamado explorador, el dentista examinará diente por diente en busca de caries y para determinar si hay rellenos o coronas.

Para ayudarse, el dentista podría, en la primera visita sacar unas radiografías o rayos X para ver en detalle cómo están tus dientes. Los rayos X permiten ver si hay caries, destrucción del hueso y otros problemas que requieran tratamiento. Además, las radiografías permiten ver la posición de los dientes, y le indican si es necesario hacer alguna corrección.

Para examinar si tienes gingivitis o periodontitis (enfermedad de las encías) el odontólogo utiliza un instrumento para medir la distancia de los espacios –si los hay- entre las encías y los dientes. Las encías rojas e inflamadas (hinchadas) y que sangran, indican que puedes tener gingivitis o periodontitis.

El dentista te preguntará sobre tus rutinas de limpieza, ya que la higiene oral se refleja en la cantidad de placa o cálculo que hay en tus dientes. Si no tienes caries ni otras enfermedades en tu boca y en tus dientes, el especialista te hará una limpieza profesional.


www.dentalescudero.com

¿Qué pasa durante la visita al dentista?



¿Qué pasa durante la visita al dentista?


El dentista examinará tu cara y los ganglios debajo de la mandíbula para ver si están hinchados, lo cual indica alguna infección. También revisará tu mordida, utilizará un espejo para examinar tu lengua y otros tejidos blandos que se encuentran en tu boca. Con un instrumento puntiagudo llamado explorador, el dentista examinará diente por diente en busca de caries y para determinar si hay rellenos o coronas.

Para ayudarse, el dentista podría, en la primera visita sacar unas radiografías o rayos X para ver en detalle cómo están tus dientes. Los rayos X permiten ver si hay caries, destrucción del hueso y otros problemas que requieran tratamiento. Además, las radiografías permiten ver la posición de los dientes, y le indican si es necesario hacer alguna corrección.

Para examinar si tienes gingivitis o periodontitis (enfermedad de las encías) el odontólogo utiliza un instrumento para medir la distancia de los espacios –si los hay- entre las encías y los dientes. Las encías rojas e inflamadas (hinchadas) y que sangran, indican que puedes tener gingivitis o periodontitis.

El dentista te preguntará sobre tus rutinas de limpieza, ya que la higiene oral se refleja en la cantidad de placa o cálculo que hay en tus dientes. Si no tienes caries ni otras enfermedades en tu boca y en tus dientes, el especialista te hará una limpieza profesional.


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